Cuando el líder del Barça se llama Xavi Hernández
¡Hola a todos!
Hay estudios elaborados por sesudos investigadores universitarios, financiados con los euros de todos los contribuyentes, que sinceramente nos podríamos ahorrar o repartirlos entre todos, ahora que nos encontramos en plena crisis. No me estoy refiriendo a los que descubren vacunas contra terribles enfermedades. Ni siquiera a aquellos que buscan el origen del Universo. Escribo sobre los que creen necesario demostrar con estadísticas que los hombres logran puestos más relevantes y mejor remunerados que las mujeres; o los que nos ‘descubren’ que las personas con apellidos más rimbombantes y/o raros progresan más en la escala social que los sufridos -y por mí, respetados desde la solidaridad- ‘garcías’ o ’smiths’. O esos que han comprobado que el ascenso en la escala social cuesta menos cuanto más alto y más rubio eres. Les bastaría con bajar a la calle, sentarse en una terraza con una buena cerveza en la mano y observar la vida de la gente normal.
TRABAJO DE CAMPO. Incluso hay casos que, por excepcionales, se pueden seguir a través de los medios de comunicación. Hablo del centrocampista del Barça Xavi Hernández que en estas fechas ha conseguido un reconocimiento profesional que, como casi siempre por estos lares, llegó primero del exterior -Mejor Jugador de la Eurocopa 2008-que de sus paisanos. Xavi es de Terrassa, ciudad del antiguo ‘cinturón rojo’ barcelonés; es de piel y cabello morenos y apenas levanta 1,70 metros del suelo; además, se apellida Hernández. Para colmo, es un tipo inteligente y avispado como pocos en el mundo del fútbol, pero de carácter reservado; vamos, que no le gusta que los de fuera de su entorno sepan que es uno de los más listos de la clase. Fiel a su vocación de antidivo, evita meterse en charcos. Por eso le tocan lo que no suena por jugar con la ‘Selecció’ y desde el otro lado de la trinchera no le perdonan un ‘¡Viva España!’ gritado con la misma retranca con la que se toma los asuntos de la ‘cuatribarrada’.
ENTRE DOS AGUAS. Durante años y años, Xavi no gustaba porque no se luce, porque no se moja, porque no gesticula, porque no es sandunguero ante las ‘alcachofas’ y porque no da la nota. Cuando irrumpió en la élite con apenas 18 años le crucificaron porque le había parido Louis van Gaal -¡Le salvó el cabezón marcando el gol del triunfo en un Barça-Valladolid!- y porque decían que estaba destinado a ‘enterrar’ al que ahora es su entrenador, Josep Guardiola, icono del barcelonismo del fin del siglo XX. Después, cuando explotó Andrés Iniesta (otro día hablaremos de este soberbio jugador), le dieron por liquidado con 25 años porque se había estancado. Andrés era igual de pequeño, pero más blanco, y sin duda más virtuoso en el regate. Pero en realidad, el futbolista manchego está cortado con un patrón parecido pero es perfectamente compatible con Xavi, como han demostrado con el Barça y con España. Pero hubo muchos que predicaron en el desierto del antiguo ‘oasis catalán’ por la continuidad de Deco de Souza y la marcha de Xavi Hernández para ‘dejar crecer a Don Andrés’. (Por cierto, ellos tienen una relación excelente). Y nos queda la selección. La ‘brunete mediática’ se empeñó en ponerle por delante a Guti, Xabi Alonso e incluso a Cesc Fàbregas, otro de sus herederos. Y así, de fracaso en fracaso… hasta la victoria final en la Eurocopa de Suiza y Austria. Con Xavi como líder del equipo y reconocido como el mejor jugador del torneo por extraños antes que por propios.
EL ‘PROBLEMA’. Y es que, Xavi tiene un ‘problema’ que desbarata todas las teorías de los sesudos investigadores: su talento futbolístico está muy por encima de lo que nos transmiten su 1,70 metros, su pelo castaño y su carácter discreto. Está en la misma sintonía que otros maravillosos liliputienses del fútbol como el mencionado Iniesta o el único Lionel Messi. Al final, la evidencia ha acabado por imponerse y recompensar a un deportista excepcional que lleva una década ofreciendo un excelente rendimiento en su club y en la selección. Luis Aragonés le dio la manija en la Eurocopa y Josep Guardiola se la ha entregado también en el Barça. Ya pocos recuerdan que a Xavi le acusaban de abusar del juego horizontal, olvidando que le obligaban a jugar a cincuenta o sesenta metros de la portería rival. Él callaba y se aplicaba a fondo: no perdía un balón, aseguraba casi todos los pases, tenía el partido en la cabeza y encontraba siempre el ritmo apropiado para cada situación del partido. La fortuna quiso que Frank Rijkaard necesitara de un medio centro defensivo para su esquema, un armario con capacidad de desplazamiento. Y como Hernández -sí, Hernández- ya tenía suficientes galones, no le liquidó del once inicial pese a los agoreros de turno. Le adelantó a una demarcación más próxima al área contraria.
UN LUJO. A partir de ahí, por reciente, la historia es bien conocida. Xavi sigue siendo el centrocampista de las Grandes Ligas europeas que mejores pases da, el que siempre imprime la velocidad de circulación del balón correcta, el que mejor selecciona los pases… Pero ahora, además, le dejan pisar el área rival para marcar goles y dar asistencias definitivas. Me río cuando los periodistas decimos o escribimos que Xavi es la prolongación de Pep (Guardiola) en el campo. O que el histórico éxito de España en la Eurocopa se simbolice antes con excelentes jugadores como Iker Casillas o Fernando Torres. Son más mediáticos, pero no son mejores que Xavi, aun salvando las distancias que implican las diferentes demarcaciones. Porque Xavi es un futbolista con todas las letras, con mayúsculas. Un lujo para Pep (Guardiola), para Frank (Rijkaard), para Radomir (Antic), para Carles (Rexach), para Llorenç (Serra Ferrer), para Louis (Van Gaal), para Vicente (Del Bosque), para Luis (Aragonés), para Iñaki (Sáez) y para José Antonio (Camacho). Para el Barça y para la selección.
Y sí, me apellido Díaz y mido 1,65 metros. ¿Qué pasa?
¡Hasta luego!
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